Laida Lertxundi

Landscape Plus. Inauguración 14 de Septiembre a las 12:00

 

Las películas de Laida Lertxundi son difíciles de contar. Resulta muy complicado escribir sus sinopsis. Querer reducirlas a unas frases. Resumirlas. Sólo podría hacerse a través de fragmentos. Describir una a una cada escena, detallar uno a uno cada plano. Habría casi que convertirse en el proyector de cine, pasar por todos los frames del rollo de celuloide, rápido. La sinopsis parece que pide que se sea rápido, aunque el tiempo de la película sea lento y un plano fijo no lo sea tanto porque hay cambios pequeños, apenas perceptibles si te aceleras: el temblor de las líneas de la pantalla de un monitor, un reflejo inesperado, una nube que viaja, las hojas de una planta meciéndose, un fundido en negro que vibra. Detalles que se dejarían de lado en una sinopsis, pero que aquí son importantes, son actores y escenario. Hay que ser un proyector, sí, pero no proyectar, porque al que hace un resumen se le pide que tome distancia, que deje fuera ese yo que no permite que haya algo objetivo. Es un engaño porque, aunque parezca que se ha ido, que el yo se ha escapado, se queda agazapado esperando un descuido.

 

Es fácil descuidarse porque se trata de un cine de emociones, pero no es un melodrama. No, no se trata de esas emociones, de risas y llantos, de gestos exagerados y arrugas en el rostro, sino de roces suaves, sutiles arañazos, caricias ligeras en los párpados del espectador, estremecimientos de la mirada y también de la piel. A veces son películas tristes, pueden serlo mucho. Otras resultan alegres. Existe cierta melancolía. El que hace la sinopsis no debería proyectar. Las sensaciones son fugaces, se escapan, como pasa el rollo de película por el crono, pero algo queda que impregna, que permanece como las imágenes en la retina, eso es lo que permite el cine. De repente el cuerpo está ahí, mirando, escuchando, sintiendo.

 

Para hacer el sumario, uno debe preguntarse por el relato, no olvidar que éste es su objetivo, entenderlo y luego condensarlo, pero cómo hacerlo si se está presente, si se es en presente. El relato, si lo hubo, se ha marchado, ha huido de algún modo, como tendría que haberlo hecho ese yo que se ha quedado oculto y que llena los vacíos que se han dejado. Hay mucho de estar aquí y ahora, aunque lo que se ve se sepa pasado. El espectador se sitúa en el marco, el del celuloide, pero también el de una ventana que da a ese cielo con algunas nubes que se repite a veces. Ni dentro ni fuera. En el límite como lo están los paisajes de todas las películas de Lertxundi. Habitaciones que están abiertas y desiertos que se cierran. Habitaciones que se hacen desiertos y desiertos que se convierten en habitaciones. Se sabe que se trata de Los Ángeles –algún título da la pista–, pero no es el paisaje que se espera, no es Hollywood como tampoco este cine es un melodrama. El cielo con algunas nubes se repite a veces, establece vínculos quizás sin quererlo y crea el ritmo, más armónico que melódico. Algunas imágenes son como el estribillo de una vieja canción, la que suena en ese casete que aparece en la pantalla y que se empeña en invitar al espectador a que esté presente, sea en presente.

 

No es Hollywood tampoco en sus referentes, nunca son demasiado obvios o, cuando se desvelan, lo hacen en homenajes discretos que casi podrían ignorarse si no se está atento: los trucos del pionero Georges Méliès y los experimentos de Bruce Baillie; el modo en el que Kenneth Anger utiliza la música y el interés por la estructura del lenguaje cinematográfico de Hollis Frampton; la forma de entender la narrativa del cine, o su negación, y la idea de paisaje de James Benning y el modo en el que se construye, o destruye, el ilusionismo en una película de Morgan Fisher.

 

Existe cierta melancolía. El que hace el resumen no debe proyectar, pero cómo no hacerlo si está allí, se ha quedado allí. Escribir las sinopsis se hace muy difícil cuando se es parte de las películas.

 

La Dificultad de la Sinopsis

Sergio Rubira

 

El trabajo fílmico de Laida Lertxundi ha sido seleccionado para la Whitney Biennial 2012 y mostrado en varias salas y festivales como MoMa, LACMA, Viennale Austria, Views from the Avant Garde, del New York Film Festival, el Festival Internacional de Cine de Rotterdam. Recibió el premio Tom Berman al Cineasta mas Prometedor en la 48 edición del Ann Arbor Film Festival, y fué nombrada en la revisión “Best of the Decade” de la revista CinemaScope y como una de las mejores “25 Filmmakers para el Siglo XXI” en la revista Film Comment. Laida también programa vídeo y cine en EEUU y España, y ha publicado varios artículos sobre cine, más recientemente en la antología La Risa Oblicua y la revista Bostezo. Es docente de la Universidad de California San Diego y vive en Los Ángeles, California.