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Michael Berryhill
8 June - 29 July, 2017

Michael Berryhill was born in 1972 at El Paso, Texas. He lives and works in Brooklyn, New York. Michael received his MFA from Columbia University, New York.

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I’ve never had a conversation with Michael Berryhill that wasn’t at once serious and fun- ny. Sometimes when I try and picture his face (we don’t live in the same city) I instead see one of his paintings, fraying and electric.

These new works, like the others I’ve seen, are inventive with how they use paint: rough, drawing-like, optical. Like others, their vertical compositions are unstable, with lines that never seem to touch, and positive and negative space leading one another on. Unlike some others, their forms are more amorphous. (I remember, in paintings from the past, a fleshed-out horses head, heavy drapes, a single fist.)

These new works flirt more deliberately with misrecognition. Certain signs do appear: a keyboard and its palimpsestic player, a fruit basket, the artists’ own palate. But the iden- tifying clues, which Michael uses as devices to both hook and confuse a viewer, are limi- ted, like skin without a body. With fewer narrative drives, I am left to focus on sight and feeling. Is this what one sees when they stare directly into the sun? Or take a winding hallucinogenic trip? Or look at 10,000 Piero della Francesca paintings until they all bleed together into a single, undone frame?

Michael has always had his own logic. Who else could have invented this show title, so cunning, silly, and on-the-nose? He will say: I ruined this painting with too many at- tempts, or, I just saved this painting, it’s finished and it’s perfect. I never know how he arrives where he is going, only that each painting is a necessary pilgrimage, a journey that finds meaning in its tirelessly sought after resolution. In the finished compositions, I try to follow his movements, his decisions, the passage of his layers, but I can’t. That is the best part: ecstatic and mysterious, they are too far removed from my own.

 - Carmen Winant

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Michael Berryhill
8 de junio - 29 de julio, 2017

Michael Berryhill nació en 1972 en El Paso, Texas. Vive y trabaja en Brooklyn, Nueva York. Recibió su MFA por la Universidad de Columbia. 

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Nunca he tenido una conversación con Michael Berryhill que no fuese seria y graciosa al mismo tiempo. A veces, cuando trato de imaginar su cara (no vivimos en la misma ciudad) veo una de sus pinturas, deshilachadas y eléctricas.

Estas nuevas obras, como las otras que he visto, son inventivas en su forma de utilizar la pintura: áspera, como dibujada, y óptica. Como otras, sus composiciones verticales son inestables, con líneas que no parecen tocarse nunca, y espacios positivos y negativos que conducen los unos a los otros. A diferencia de otras, sus formas son más amórficas. (Re- cuerdo, en antiguas pinturas, una descarada cabeza de caballo, cortinas pesadas, un solo puño). Estos nuevos trabajos flirtean de forma más deliberadamente con lo no reconocido.

Ciertas señas aparecen: un piano y su palimpsesto músico, un frutero, la propia paleta del artista. Pero las pistas identificadoras, que Michael utiliza como utensilios para enganchar y confundir al espectador, son limitadas, como piel sin cuerpo. Con escasas líneas narrativas, me abandono a la vista y el sentimiento. ¿Es esto lo que vemos cuando miramos directamente al Sol?, ¿O cuando tomamos un serpenteante viaje alucinógeno?, ¿O mirar a 10.000 cuadros de Piero della Francesca hasta que sangren hacia un único marco des- hecho?

Michael siempre ha poseído su propia lógica. ¿Quién si no podría haber ideado este título para la exposición, tan astuto, tonto, y tan acertado? El dirá: he destrozado este cuadro con demasiados intentos, o, tan solo salvé esta obra, está acabada y es perfecta. Nunca se cómo llega a donde está yendo, tan solo que cada pintura es una necesaria peregrinación, un viaje que encuentra su significado en su incansable búsqueda de propósito. En las composiciones terminadas, trato de seguir sus movimientos, sus decisiones, el camino de sus capas, pero no puedo. Esta es la mejor parte: extasiados y misteriosos, están demasiado lejos de la mía.

- Carmen Winant