Ella es una película

Alex Reynolds


Del 16 de noviembre 2016 hasta el 5 de febrero 2017.

Cada uno se percibe y proyecta en relación a los otros de múltiples maneras. De esta premisa tan sencilla, parte la artista y cineasta Alex Reynolds. Desde hace años explora y manipula los códigos del lenguaje cinematográco, sirviéndose de distintos soportes (texto, fotografía, performance, teatro, vídeo). Esto le ha llevado a hacer películas sin cámara, jugar con la noción de “exteriores” e incluso invertirla o ensayar formas de narración alternativas al guión. Todas estas experiencias, ella las ha ido incorporando a su manera de filmar y configuran una obra en la que el sujeto y el objeto nunca ocupan una posición estable.

Si ver implica la posibilidad de ser visto –cosa que nunca sucede en las salas de cine–, nuestra posición respecto al otro adquiere un peso diferente. En este contexto, ser espectador es un intercambio y también un aprendizaje, del que cada cuál deberá extraer su propia conclusión. Algunos veremos películas donde no las hay, otros declinarán la mirada o querrán contactar con la artista, para saber qué hubiera dicho ella en el punto 27 del cuestionario que forma parte de But They Are Not You (2011), obra que concibió para dos momentos y públicos distintos. En esta ocasión, Alex Reynolds jugó a suplantar el punto de vista de quienes se animaron a participar en la pieza, creando un personaje ficticio para cada uno. Visto desde un plano general, que es el que nos brinda el libro con el que se formalizó la pieza a posteriori, uno cae en lo dramáticas que se vuelven las diferencias en cuanto más nos acercamos al original. De pronto, un desplazamiento milimétrico puede resultarnos monstruoso. O desorientarnos. De hecho, ésta última sensación es la que nos genera Marta (2010-2016), variación de una pieza específicamente pensada para esta galería. Se trata de una pista de audio que da pie a situaciones ambiguas, ya que con su escucha el espectador se convierte en protagonista y cámara de una ficción que debe poner en imágenes. Para activarla, es preciso recoger los auriculares que están en el mostrador.

No menos inquietantes son los cambios de perspectiva que operan en De día (2015), película que la artista construyó con grabaciones e imágenes de su archivo personal. En la trama, que es muy frágil, se anuncia una persecución pero, en este caso, no hay un narrador claro o dominante. ¿A qué voz corresponde lo que estamos viendo o en nombre de quién hablan todos esos fragmentos? Por su factura y presentación se dirían recuerdos, momentos aislados que regresan a uno de manera recurrente. Quizá son retales de un episodio traumático o que echamos de menos, imágenes que no elegimos sino que nos eligen y hasta nos siguen. Pero a medida que se repiten, presenciamos algo insólito: se diría que esas imágenes se despojan de sus referentes y siguen adelante, asistidas únicamente por el ritmo, que es lo que las mantiene en vida, mientras nosotros, los espectadores, tratamos de darles un significado y hacerlas remitir a algo o alguien, quizás porque no aceptamos que sean inteligentes, ni mucho menos que nos sobrevivan.

Convivir con otros pasa por adaptarse a un lenguaje e interiorizar sus códigos, un juego que se plantea en Ver nieve (2016), su obra más reciente. En este caso, Alex Reynolds ensaya y medita acerca de la preparación de un guión para una futura película, sometiendo a varias pruebas a una serie de interlocutores, que al improvisar sus respuestas, le harán de co-guionistas. La lectura es aquí un elemento clave y su aprendizaje, lo que impulsa una narración aún en estado latente. Este proyecto obedece al deseo de la artista de delegar cada vez más algunas decisiones y en pensar su primer largometraje, del que se nos anticipa varias cosas, como una estructura exible, que aloja otros puntos de vista y aprende de ellos, pero siempre dentro de un marco y según unas determinadas reglas. No en vano, la hospitalidad es otro de sus conceptos recurrentes, como se ve en Bienvenida (2009), ese saludo incómodo que pide una devolución y condiciona nuestra recepción de las obras, poniéndonos alerta e incluso en contra de ellas.

En un mundo colapsado de imágenes, lleno de ruido y mediaciones, Alex Reynolds no sólo nos anima a pensar en nuestra propia posición como espectador, sino que nos empuja a defenderla. Di, ¿qué piensas tú de todo esto? Quizás no ves lo que yo veo. Quizás, tengamos que negociar otras maneras de comunicarnos. Aprender del sesgo. E ir a tientas. ¿Qué podemos perder? 

- Andrea Valdés

//

Ella es una película

Alex Reynolds


Nov 16, 2016 until Feb 5, 2017

Each person has multiple ways of perceiving and projecting him or herself in relation to others. Artist and filmmaker Alex Reynolds takes on this simple premise as a starting point. For years, she has been exploring and manipulating the codes of cinematographic language through different media (text, photography, performance, theater, video). This has led her to make movies without a camera, to play with and even reverse the notion of “exteriors”, and to test out narrative alternatives to the script. She has incorporated all of these experiences to her way of filming, making up a body of work where subject and object never occupy a stable position.

If the act of looking implies the possibility of being looked at – something that never happens at the cinema –, our position towards the other takes on a different weight. In this context, being a viewer is both an exchange and a learning experience, from which each individual will have to draw his or her own conclusions. Some will see films where there aren’t any, while others will turn their eyes away or wish to reach out to the artist in order to know what she would have replied to the 27th question in the questionnaire of the piece But They Are Not You (2011), a work conceived for two different moments and audiences. On this occasion, Alex Reynolds played at usurping the point of view those who wished to participate in the piece, inventing a fictional character for each of them. From a general point of view – the one provided by the book that later formalizes the piece –, one realizes how dramatic differences become the closer they are to the original. Suddenly, the slightest departure can seem monstrous to us, or disorient us. In fact, the latter emotion is the one awakened by Marta (2010-2016), a variation of a piece conceived specifically for this gallery. It involves an audio track that generates ambiguous situations, since, whilst listening, the viewer turns into the protagonist and cameraman of a fiction that he or she must turn into images. In order to activate it, one needs to pick up the headphones in the front desk.

Equally disquieting are the changes in perspective in De Día (2015), a film that the artist made up of recordings and images from her personal archive. A subtle plot announces a chase but, in this case, there is no clear or dominating narrator. To whose voice do the images we are looking at belong, or on whose behalf do all these fragments speak? The image quality and presentation might lead us to think they are memories; isolated moments that come back to use over and again. They may be remains of a traumatic episode, or one that we miss – images that we don’t choose but which chose, and even chase, us. But as the repetitions unfold, we experience something unusual: these images strip off their original referents and keep moving forwards, aided only by rhythm, which is what keeps them alive.

 

Meanwhile, we, as viewers, try to give them meaning and make them refer to something or someone, perhaps because we cannot accept that they are intelligent, and much less so that they may survive us. Living with others requires adapting to a language and internalizing its codes, a game reckoned with in Ver Nieve [To See Snow] (2016), her most recent work. In it, Alex Reynolds begins to draft and meditate on the preparation of the script for a future film, submitting a series of interlocutors to several tests, who, through their improvised answers, will become her co-writers. Reading is key here, and learning to do so is what drives a narrative that is still a dormant one. The project responds to the artist’s wish to increasingly delegate more decisions to others, and to think about her first feature film, of which we can anticipate elements such as a flexible structure that accommodates and learns from different viewpoints, through always within a set framework with specific rules. It is not by chance that hospitality is another recurring theme, as seen in Bienvenida [Welcome] (2009) – the uncomfortable welcome that seems to require reciprocity, and which conditions how we receive the rest of the works, keeping us on our toes, or setting us against them. 

 

In a world paralyzed by images, crammed with noise and mediations, Alex Reynolds not only invites us to think about our role as viewers, but encourages us to defend it. Tell me, what do you think of all this? Maybe you don’t see what I see. Maybe we will have to negotiate new forms of communication. Learn from our own bias. Walk in the dark. What do we have to lose? 

 

- Andrea Valdés​​​​